El mundo nunca fue justo con Kennia. Aprendió a resistir, a luchar por lo poco que tenía. Pero a pesar de todo, siempre tuvo a su familia. Sus hermanos eran su única certeza en un mundo que solo sabía quitar. Hasta que casi se lo arrebatan. Un accidente. Un golpe del que su hermano nunca despertó. Días de angustia en el hospital, de preguntas sin respuesta, de esperar un milagro. Y luego, la verdad. Una verdad que destrozó lo poco que le quedaba: no fue un accidente. Alguien lo quiso así. Y ese alguien estaba más cerca de lo que jamás imaginó. El dolor se volvió rabia. La justicia no era suficiente. Solo quedaba la venganza.
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