Antes de él , ella ya era una chica que desconfiaba de las primeras sonrisas. No por miedo ,no tenía miedo de nada, realmente , sino por costumbre. Había aprendido temprano que la gente pide más de lo que da, y que el silencio, bien usado, es un escudo más efectivo que cualquier palabra.
En la universidad la conocían sin conocerla. Sabían su nombre, su carrera, que siempre llevaba el pelo recogido los días de examen y suelto los demás. Pero casi nadie sabía a qué sonaba su risa en una llamada tarde de madrugada. Casi nadie sabía qué canción se repetía en sus auriculares cuando caminaba sola por el campus. Y a ella le gustaba así: ser un misterio que nadie se esforzaba por resolver.
No era tímida. Cuando algo valía la pena, lo decía sin titubear. Pero casi nada le parecía digno de ese esfuerzo. Prefería observar: sentarse al fondo del aula, cruzar los brazos sobre el pecho, y mirar. Aprendió a leer a la gente como quien lee un menú antes de pedir. Sabía, mucho antes de que las palabras salieran de sus bocas, quiénes eran insoportables, quiénes mentían con los ojos, y quiénes , muy pocos, merecían un segundo de su tiempo.
Por eso, la primera vez que lo vio, supo.
No supo qué exactamente, pero supo que él era diferente. No en el sentido bonito de la palabra. No era de esos que te hacen sentir mariposas desde el primer minuto. Era algo más visceral, más incómodo: una alerta silenciosa que se encendió en su nuca, un "esto va a doler" que reconoció antes de siquiera escuchar su voz.
Y aun así , y esta es la parte que ella nunca se perdonaría del todo, no se fue.
Se quedó. Porque él también la miró. Porque en sus ojos oscuros había algo que decía "yo también lo sé". Porque por primera vez en años, alguien la estaba viendo de verdad, y ese vértigo era demasiado adictivo para huir de él.
Era reservada, sí. Pero no era ciega. Supo desde el principio que André sería un problema. Lo que no supo es que ella iba a convert
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