El eco de las estrellas, decían los antiguos, se manifestaba en aquellos que llevaban el peso de un destino entrelazado. No era solo la luz que viajaba por millones de años para acariciar la Tierra, sino la resonancia de voluntades forjadas en la distancia, unidas por hilos invisibles de tiempo y propósito. En el corazón de las Highlands escocesas, donde la niebla danzaba con las ruinas y la historia susurraba entre las piedras, dos almas estaban a punto de descubrir que su propio eco, vibrante y antiguo, había comenzado a manifestarse. Uno, buscando respuestas en el legado de su linaje; el otro, protegiendo secretos que podían cambiarlo todo. El destino, caprichoso y a veces cruel, había decidido que era hora de que esos ecos se encontraran, colisionaran y, quizás, encendieran una galaxia propia.
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