El 8 de julio de 2007, en la capital de España, nació un chico de pelo rizado y ojos marrones, en el seno de una familia de clase media, trabajadora y llena de amor. Le gustará el olor a gasolina y a hierba mojada, saltarse las normas de vez en cuando, los gatos y la música; mientras que odiará que menosprecien a alguien sin razón aparente, las matemáticas y los días de viento.
Por otro lado, unos meses después, el 23 de noviembre, para ser exactos, nacerá una chica un poco más al sur de la península, de pelo marrón y ojos color miel, en el seno de una familia bastante adinerada, pero, en su mayoría, formada por buenas personas. A ella le encantará el color azul eléctrico, la playa, el helado de limón y las cámaras digitales; pero, a su vez, detestará a las personas arrogantes, a quienes tratan mal a los animales, el sentimiento de estar cansada y no poder dormir, y el olor de algunas flores.
En algún momento y lugar de sus vidas, ellos se encontrarán, y, aunque sean tan diferentes, serán lo mejor el uno para el otro.
Sinopsis
Primer libro de la Saga: Bebés Inesperados
¿Alguna vez han sentido esa crisis existencial donde no sabes si lo mejor sería mudarte a Australia a criar canguros o lanzarte de cabeza al drama como protagonista de telenovela?
Bueno... bienvenidas a mi vida.
Aquí estoy, sentada en la tapa del inodoro, mirando fijamente ese pequeño aparatito rosa que sostiene mi destino entre dos rayitas. Sí, DOS. Y no, no es una prueba de COVID. Es la prueba. Esa que puede marcar el fin de mi juventud irresponsable... o el comienzo de una versión más adulta, madura y posiblemente con ojeras permanentes.
Y no voy a mentirles, sé perfectamente quién tuvo la culpa: yo. Si tan solo me hubiera controlado. Si tan solo no me hubiera comportado como una sexópata con las hormonas revolucionadas por un tipo que apenas sabía mi nombre (¿o lo sabía?). Pero no, ahí fue la señorita Calentura a meter la pata... y no una, sino varias veces.
Y por si fuera poco, no sólo lo hice una vez -¡no!- la muy genia fue por repetición. ¿El resultado? Bueno, al parecer la cigüeña sí tiene GPS... y yo soy su nueva víctima.
Pero que quede claro: este milagrito no lo fabriqué sola. No señor. Hay un papá misterioso en esta historia. Y si creen que me voy a quedar callada, esperen a ver cómo empieza esta montaña rusa hormonal.