El todo no es inmune a las sombras. Arceus, el origen, lo sabe. Cada fibra de su ser, tejida en la creación misma, ha sentido el susurro, inquietante, detrás de los velos de su propio universo. Su poder es infinito dentro de los límites de su creación, pero fuera de esos límites... hay fuerzas que ni él puede nombrar, entidades cuya naturaleza lo consume con una desesperación velada, secreta.
Nunca había temido, hasta ahora. Nunca había considerado que lo que construyó con sus propias manos pudiera ser insuficiente. Pero ahora, lo siente: la grieta, la falla. Un evento sin igual, uno que hizo temblar los cimientos de su realidad, un destello de lo que podría ser su propia caída. Lo que vio en ese momento... cambió todo. Las reglas del juego ya no son las mismas. La eternidad, esa vieja aliada, ahora se desvanece entre sus dedos como arena. Y Arceus debe actuar, antes de que sea demasiado tarde.
¿Por qué Ash? Él, ese pequeño ser que alguna vez fue insignificante, ese humano al que observó desde las alturas, es la única pieza que puede inclinar la balanza. No por lo que es, sino por lo que -podría llegar a ser-. Arceus ha salvado a Ash más de una vez, vigilando con cuidado, ocultando sus verdaderas intenciones. -No fue misericordia-, no fue amor por la humanidad. Fue necesidad. Ash es un hilo frágil en la vasta red del destino, pero uno que Arceus ha manipulado en silencio, esperando que llegue el momento adecuado.
El dios no puede hacer esto abiertamente. -No ahora-. No después de lo que vio, de lo que entendió demasiado tarde. Las otras criaturas, sus hijos, los legendarios... no comprenderían, no deben saberlo. Las fuerzas que acechan fuera de su alcance podrían darse cuenta. Arceus debe jugar su partida en secreto, tejiendo hilos oscuros corrompiendo lo puro sin que se note el cambio, -como una podredumbre que crece en lo profundo antes de salir a la superficie-.
(No me dejó colocar la descripción completa, veanla en "Descripción
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