Los poemas que aquí se encuentran son susurros de un convenio entre el corazón y los sentimientos ajenos, voces que cantan lo que no se puede decir. Cada palabra, cada verso, es una danza de emociones compartidas, una expresión de lo que se guarda en lo más profundo, tanto propio como ajeno.
Son los ecos de lo que hemos vivido, de lo que hemos tocado sin tocar, de las pasiones que se desbordan sin ser comprendidas. Son la poesía del deseo, del amor, de los momentos que nos marcan y nos dejan huellas invisibles. Aquí, el corazón canta lo que las palabras no pueden retener, lo que se esconde detrás de la piel, en el reflejo de una mirada, en el roce de dos almas que se encuentran sin conocerse.
Esta poesía no busca respuestas, sino la conexión, la comprensión del alma a través de la emoción, de los sentimientos que a veces se sienten ajenos pero que nos son tan propios.