¿Acaso fue difícil?
Destruirlo... atormentarlo con lo que más amaba... no, eso había sido terriblemente fácil. La semilla del dolor que planté en su corazón brotó con una facilidad aterradora. Pero algo que no preví... fue cómo yo también me estaba desmoronando en medio de esa tormenta que yo misma creé.
Una voz, fría como el acero y dulce como el veneno, resonó en la oscuridad, cortando como una cuchilla:
No estás feliz... ¿verdad?
Los ojos de la joven, esos zafiros rosados tan deslumbrantes como la joya más preciada del mundo, brillaron con una intensidad antinatural en la penumbra. No era un brillo de lágrimas, sino algo más profundo, más peligroso. Como si algo en su interior se estuviera quebrando para dar paso a otra cosa.
La misma voz, ahora más cercana, casi un susurro que helaba la sangre, insistió desde las sombras:
¿Qué es lo que deseas, Princesa?
Todos os Direitos Reservados