
En tierras lejanas, bajo el cielo gris, dos caballeros marchaban, fieles al rey, el uno de hierro, de acero el otro, sus destinos entrelazados, aunque ajenos al amor. Con espadas en mano y corazones duros, luchaban por el reino, por sus juramentos puros, pero en el silencio de la noche estrellada, algo en sus miradas ya no era tan guardado. La aventura les llevó más allá de los valles, donde el viento cantaba entre viejos castillos, y entre espinas, flechas y antiguos temores, los dos guerreros compartieron más que glorias y dolores. El alba despertó con un resplandor dorado, y entre las sombras, sus almas se hallaron, el uno al otro ya no solo en batalla, sino en un susurro, en un lazo que estalla. El corazón latía, tanto en guerra como en paz, y sus brazos, antes firmes, ahora hallaban su compás. Por el reino lucharon, pero también por el fuego que en sus pechos arde, más allá del desvelo. De enemigos nacieron amantes en la tierra medieval, donde el amor, furtivo, se funde con lo fatal. Y así, entre flechas y espadas, el reino se salvó, pero el alma de los dos, ya para siempre, se transformó.Creative Commons (CC) Attribution
1 part