



















Once mil años después de su caída, un fragmento errante de su ser fue arrancado de la disformidad y transportado en un acorazado para llevarlo de regreso a la Santa Terra y unirlo de nuevo al Trono Dorado. Siendo atacados por fuerzas del Caos que deseaban destruir el fragmento y a la vez escapando de la inquisición por sospechas de herejía, entraron en la disformidad huyendo más allá de lo que los dioses oscuros habían llegado jamás. Perdidos en la nada, donde las dimensiones se tocan, aterrizarán en un planeta desconocido que resultará muy familiar para el hombre roto al que todos llaman Dios. Estando en conflicto entre mantener el mito de su ahora imagen divina y los recuerdos rotos de su verdadero ser al ver de nuevo una humanidad que no conoce los horrores de la guerra perpetua, conocerá a una singular mujer que lo guiará en este nuevo mundo que se ve como el planeta que lo vio nacer, pero que sabe que no es el suyo. La heredera de la casa Gremory siempre supo que su vida estaría llena de adversidades, momentos de gran felicidad y desventuras que pondrían a prueba su corazón, una historia digna de contar. Lo que no imaginaría es que su destino se entrelazaría con un ser más allá de lo humano y lo divino. Dos voluntades opuestas con distintos objetivos tendrán que aprender el uno del otro. Aquella joven princesa descubrirá cosas de un mundo más allá del suyo; el perpetuo destrozado que no es más que un eco de su antiguo ser, revivirá la belleza de la vieja Terra, rememorando experiencias de vidas que nunca más creyó volver a vivir. ¿Podrá este dios roto aprender a sentirse humano de nuevo gracias a alguien que ni siquiera es humana? ¿Aprenderá a ser el dios que necesita la humanidad con la ayuda de cierta arcángel que lo guiará a aceptar la divinidad que tanto negó milenios atrás? Esta es la historia de dos mundos que jamás debieron encontrarse.
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