Violeta y su hermana Ruslana fueron adoptadas de pequeñas por Alba y Natalia tras perder a sus padres. Aunque encontraron un hogar amoroso, Violeta siempre arrastró el peso de su pasado. Con los años, desarrolló problemas con la comida, algo que ocultaba incluso a sus madres.
Chiara, su vecina, siempre había sido su opuesta: segura, directa y algo arrogante. Desde niñas no se llevaron bien, y al compartir instituto, los conflictos solo empeoraron. Sin embargo, Violeta guardaba un secreto.
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