En las noches más silenciosas, Yoongi solía sentarse junto a la ventana de su habitación, el resplandor de la luna llenando el espacio con su tenue luz plateada.
Desde que Jimin se había ido, cada noche parecía un eco interminable de su ausencia. El alfa, reservado por naturaleza, encontraba consuelo solo en el murmullo de sus propios pensamientos y en los destellos del satélite que iluminaba su mundo sombrío. Le hablaba a la luna, como si su voz pudiera atravesar la distancia y encontrar a Jimin, quien, perdido entre las sombras del bosque, también buscaba respuestas en el cielo nocturno.
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