
Sin duda alguna, ambos estábamos rotos, pero parecíamos ser el consuelo del otro. Poco a poco, y sin darnos cuenta, fuimos sanando nuestras heridas, uniendo nuestras piezas fracturadas para crear algo nuevo, bello y único. Un Kintsugi viviente, una prueba de que dos personas rotas pueden volver a brillar, juntas.All Rights Reserved