-Ves si eres una princesita ya que te comportas como una y te llamas como una.-Dijo el idiota de Federico a centímetros de mis labios.
-No me comporto como una princesita y llamarme Elsa no es mi culpa, sino de mis padres, imberbe.
-No uses palabras que no conosco pequeña, ya que si quieres yo te podría enseñar una mas fuertes y hasta con acción.-Paso su mano del ropero donde me atrapó hasta mi cintura por debajo de mi corta pijama de dormir.
¿Quien es el? lo se, se lo preguntan, pues es mi jodido amor platonico 5 años mayor que yo y mejor amigo de mi hermano, que por desgracia duerme desnudo a tres metros de mi habitacion.
Se los advierto es jodidamente sexy, tiene una novia pelotona y hueca que se deja cornear por el sin neuronas que tengo frente.
Pero no deja de ser mi Amor Platonico pero en mi lenguaje se les llama Idiota.
-¿Acaso fue amor a primera vista? - bufa - Claro... a ustedes las chicas les gustan esas cursilerías del amor eterno y almas gemelas.
-Pues a mi, no. - lo encaró - Eso es ridículo, patético y sexista. En este siglo ya nadie muere por amor, ignorante.
- ¡Vaya! ¿A caso eres una de esas locas feministas? - se burla, repasándome de pies a cabeza.
-¿Una qué? -"Este idiota" - Mira no se tonterías estas pensándo pero te anunció que yo tengo novio y... - la furia brillan sobre sus profundos ojos negros.
-¿Y que harías? si te enseño que eso que piensas que es un cuento de hadas, es solo eso... un cuento. - cada fibra de mi piel, sabe que sus palabras tienen más verdad, que sarcasmo.
-Entonces eso sería una pesadilla. Una que odio y aborrezco - se aproxima hacia mi, lento y peligroso. Me hace retroceder tres pasos.
-¿Qué odias? No lo creo. - sonríe de lado, haciendo ver estúpidamente sexy - ¿Como sabes que no odias algo que no has probado?
-No ocupo probarlo para saber que lo odio.
-Tú sabes que cuando dices odiarlo: es porque me deseas hasta el punto en que la lujuria desquicia tu alma. - declara arrogante desde su gran altura.
-Yo...yo no... - tartamudeo, nerviosa.
-Dime, pequeño colibrí, ¿Pondrías en juego tu fe y tus creencias? - me susurra al oído, arrinconándome a la pared, gira su rostro quedando a centímetros de mis labios - ¿Estarías dispuesta a conocer el pecado?.