Poseído: El Dueño de Mi Alma

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WpMetadataNoticeLast published Mon, Jun 2, 2025
La oscuridad tenía su propio idioma. Una entidad viva que respiraba entre las sombras. Sebastián Hidalgo había pasado años esquivándola, negándose a aceptarla, aunque su vida entera había estado marcada por su presencia. Todo comenzó con la desaparición de su hermana Ana. Él tenía dieciséis años cuando ella se esfumó sin dejar rastro. La casa que una vez fue cálida se convirtió en un mausoleo de recuerdos. La risa de Ana dejó de llenar los pasillos. Su madre se hundió en la desesperación, su padre se aferró a la religión. Pero Sebastián buscó respuestas en otro lugar: lo oculto. A lo largo de los años, estudió textos prohibidos, viajó a lugares olvidados y se sumergió en las sombras que su familia evitaba. Encontró testimonios de desapariciones similares, relatos de aquellos que aseguraban haber oído voces en la noche. Todo lo condujo hasta aquí: una iglesia en ruinas, un altar profanado y un grimorio con páginas que latían como si tuvieran vida propia. El aire estaba pesado, cargado de un silencio antinatural. Sobre el altar, Sebastián dispuso los elementos del ritual: cuatro velas negras, una copa de ron, cenizas de sacrificios pasados. Su mano temblorosa pasó cada página del libro hasta encontrar la frase que sellaría su destino: "Aquellos que descienden al abismo no regresan intactos. Pero tú, mortal, ¿qué elegirías? ¿La paz de lo conocido o el eco siniestro de lo que perdura?" Encendió las velas y sintió un escalofrío recorrer su espalda. Luego, con el cuchillo ceremonial, hizo un corte en su palma y dejó que su sangre cayera en la copa. Sus labios pronunciaron las palabras prohibidas. El aire vibró. Al principio, fue un murmullo lejano, un eco de voces que no pertenecían a este mundo. Luego, la oscuridad pareció palpitar, como si algo antiguo despertara en su interior. Las llamas de las velas parpadearon y se extinguieron de golpe. Un frío antinatural lo envolvió. Y entonces, la escuchó. -Sebastián.
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¿Cuál es tu primer recuerdo? ¿Quizás un sonido? ¿Quizás tus amigos cuando erais pequeños? ¿Quizás tus padres? Yo no poseo nada igual. Recuerdo los lamentos de los que podría llamar padres. El fuego y la sangre nos rodeaban, el ruido, los gritos. Luego no hubo nada, solo silencio. Silencio sepulcral. Desperté de pronto, viví rodeado de unas paredes desconocidas y por gente extraña, paredes que no tendrían que haberme rodeado jamás. Y aunque pasara el tiempo, las caras cambiasen, tan solo una se quedaría en mi cabeza para siempre, la de Ella, mi pequeña estrella a nivel de suelo, lo único que me mantiene vivo. Yo tengo un don, y créeme, nada ni nadie va a detener mi paso, porque yo recuperaré todo lo que me ha sido arrebatado y robado. Y ahora dime algo. ¿Lucharías hasta el final por lo que más te importa? ¿O vivirías en tus irrecuperables recuerdos? Lucha, muere o escóndete. Lo último no es aceptable, esto no es Tierra de Cobardes. -Nefrel- "Historia registrada en Safe Creative, con el siguiente código: 1412122758940"

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