El caso de Perséfone inicio en el Olimpo. Thaleia entró en el salón del juicio y se dirigió al trono donde Zeus se encontraba.
La diosa estaba visiblemente seria y un toque de tristeza avispaba en sus ojos avellana. Sabía lo que estaba en juego y que su deber era representar justicia y verdad ante el trono del juicio.
Todos los ojos estaban puestos en Perséfone, quien se encontraba de pie en el centro de la sala. Su rostro era hermoso y sereno, pero una sombra de tensión y temor se reflejaba en sus ojos.
El gran salón del tribunal de la justicia estaba abarrotado de seres divinos y mortales que habían acudido para presenciar el juicio de Perséfone, la amada esposa de Hades y reina del Inframundo.
Hades, que estaba sentado en su trono de piedra negra, con la mirada impasible y los brazos cruzados miraba fijamente lo que ocurría delante de su rostro sin dejar un solo detalle. A su lado estaba su hermano Zeus, el poderoso dios del trueno y señor del Olimpo, quien presidía el juicio.
Thaleia, sin la mas mínima pena, miro a los ojos a esa pobre alma situada en el centro del salón, con ojos profundos y severos. Estaba decidida a no dejar ni un solo cabo suelto sobre los crímenes de Perséfone, quien a pesar de no haber dicho ni una palabra desde que sus pies tocaron la base del tribunal, se notaba calmada e impasible a los ojos de un mortal...
Pero Thaleia no era un 𝙢𝙤𝙧𝙩𝙖𝙡 𝙣𝙞 𝙢𝙪𝙘𝙝𝙤 𝙢𝙚𝙣𝙤𝙨 𝙘𝙪𝙖𝙡𝙦𝙪𝙞𝙚𝙧 𝘿𝙞𝙤𝙨𝙖
Jésed, Jésed.- Susurró Thaleia.- Perséfone, que Deméter observe bien, las consecuencias venideras.
*Jésed: Palabra Hebrea, significa Misericordia.
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