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WpMetadataNoticeLast published Fri, Feb 7, 2025
El hilo es delgado. Apenas visible. No lo notas cuando caminas por la calle, cuando pasas junto a un desconocido, cuando rozas su sombra sin darte cuenta. No lo sientes cuando tus pensamientos se enredan con los de alguien más, cuando tu respiración se sincroniza con la de otro sin razón aparente. Es invisible, pero está ahí. Siempre ha estado ahí. A veces es un susurro, un eco de algo que nunca dijiste en voz alta. A veces es una sensación sofocante, como si alguien más estuviera tirando de los hilos que te sostienen. Ellos lo sienten. Sus vidas no deberían cruzarse. Pero lo hacen. Al principio, son solo coincidencias. Luego, los hilos se tensan. Se enredan. Aprietan. Ahorcan. Hasta que ya no hay escapatoria. Y entonces, comprenden. No son ellos quienes controlan la red. Es la red la que los controla a ellos.
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Aciago

A veces, la vida duele más de lo que las palabras pueden explicar. Ella lo sabía bien. Cada mañana era una lucha contra sus propios pensamientos, una guerra silenciosa en la que siempre salía herida. La ansiedad la estrangulaba desde dentro, y el mundo a su alrededor parecía indiferente. Nadie imaginaba que detrás de su mirada vacía se escondía un infierno: el monstruo que vivía bajo el mismo techo, le había robado la inocencia y la calma. Una tarde, todo colapsó. En medio de un ataque de pánico en los pasillos del instituto, cayó al suelo temblando, incapaz de respirar. Un chico de mirada intensa y silenciosa, que no dijo nada pero se arrodilló a su lado y le sostuvo la mano. Había algo en él... una oscuridad parecida a la suya. Lo que no sabía era que aquel desconocido no era cualquier chico Cargaba con sus propios demonios, cicatrices invisibles que lo hacían diferente a todos los demás. Y sin saber por qué, decidió que quería ayudarla. Porque a veces, las almas rotas se reconocen entre sí.

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