Este es el relato de una experiencia que nunca imaginé vivir. Un dolor insoportable, un diagnóstico inesperado y varias operaciones que me enfrentó a mis miedos más profundos. Mientras luchaba contra la ansiedad, la tristeza, y más que nada en mí fé como hija de Dios también entre más emociones, mi familia estuvo a mi lado, brindándome consuelo. A pesar de todo, tuve que enfrentarme a mis cirugías, análisis y estudios y al temor de que algo saliera mal. Pero, en medio de todo eso, aprendí a confiar en mí misma y en Dios, a soltar el control y a aceptar que, no entendemos los planes o cosas que Él hace, pero entenderemos su propósito en el futuro ya que Dios nos da y hace cosas de amor, cosas buenas y no malas, por más difícil que esté la tormenta, recuerda que Él siempre está ahí compañándonos.
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