Nadie apostaba por Dahlia Marlowe.
No era la más fuerte, ni la más rápida. No tenía un arma favorita ni una estrategia imparable.
Solo una mente afilada y una sonrisa convincente.
Panem la adora, el Capitolio la exhibe, y el Presidente Snow sonríe satisfecho.
La Rosa de Panem ha florecido.
O
Donde Dahlia siempre supo cómo sobrevivir, lo que aún no descubre es qué quedará de ella cuando lo haga.
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