En medio del bullicio de un festival de San Valentín, entre luces cálidas y dulces promesas de chocolate, Sanji oculta un secreto que lo consume lentamente. No es solo amor lo que siente cuando mira a Zoro, es algo más profundo, más doloroso. Cada risa compartida, cada roce involuntario, cada instante robado lo acerca más a una verdad ineludible: el amor puede ser dulce, pero también puede desgarrar.
Mientras la tripulación se sumerge en la celebración, Sanji toma una decisión. Será egoísta, solo esta vez. Un regalo, un chocolate hecho con sus propias manos, una oportunidad para atesorar un momento que quizás nunca se repita. Pero las palabras de Zoro, dichas sin intención, se clavan como espinas en su pecho, y Sanji comprende que no hay espacio para esperanzas vacías.
Cuando el amanecer llega, algo ha cambiado. Ya no hay pétalos, ya no hay dolor. Pero en el fondo, Zoro siente que algo se ha perdido. Y aunque el chocolate sigue en su boca, el dulzor se ha desvanecido, dejando solo un regusto amargo.
____________________
La historia es completamente mía.
Los personajes pertenecen a Eiichiro Oda.
No se aceptan adaptaciones de otro tipo.
¿Qué pasaría si una preadolescente entrara al juego del calamar? Todos los jugadores tienen deudas, problemas, algo que los llevó ahí... pero ella no.
Nadie le dio la tarjeta, nadie pensó en reclutarla. Sin embargo, no podían sacarla.
Era demasiado tarde; ya era parte de los juegos.