Siempre tuve un mejor amigo. Desde que tengo memoria, él estaba ahí, al lado mío, mi sombra buena. Éramos solo mocosos normales, sin saber de "donceles" ni nada de eso. Izuku, mi mejor amigo, el más tranquilo de todos.
Nuestra amistad nació por nuestras viejas; eran vecinas y se conocieron en el colegio. Al principio, Deku era un llorón, y yo, el que mandaba, el centro de todo. Me encantaba que la gente me admirara, que me siguiera. Él, con sus cuadernos de héroes y sus ojos brillantes, siempre me miraba. Nos hicimos inseparables. Él era mi calma.
Pero todo se fue al caño cuando cumplimos los diez. Su familia se mudó, su viejo consiguió trabajo lejos, y de la noche a la mañana, mi mejor amigo ya no estaba. Después de eso, la adolescencia me golpeó fuerte. Los cambios de humor, la presión... de repente, mis gustos cambiaron y la atención ya no me importaba. Me volví huraño, me encerré en mi mundo. El que antes era el centro, ahora era el antisocial del fondo, el desplazado. Dejé de preocuparme por ser el más "cool".
Pasaron cinco años. Hoy tengo quince, es febrero y ya estoy listo para empezar mi tercer año de secundaria. Mi vida es bastante más aburrida. Hasta que, por la mañana, un mensaje de mi vieja me deja frío:
-"Katsuki, adivina quién volvió a la ciudad. ¡Y lo mejor es que este año va a estudiar contigo!"
-Mi corazón dio un salto. ¿Quién demonios...? No puede ser. No. Leí el siguiente mensaje y sentí como si el puto suelo se abriera:
-"¡Sí, Katsuki! ¡Volvió Izuku! ¡Tu Deku!"
-¿Qué?
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