La conocí un día, me hizo sentir todo, y me dejó sintiendo nada, las palabras que salen de mi boca y se convierten en tinta, son como tiernas corrientes de compasión propia, hasta que el día que la vea casada, sepa que un hombre es capaz de nunca olvidar a su amada, pues seré la prueba de que un atardecer sin noche es sin sentido como la araña que por el mar cruzaba.
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Mi corazón teñido de agonía, no encuentra consuelo en estás paredes desbordando amargura, mi poesía, mis escritos enfermos de nostalgia, buscando una señal para seguir en medio de las cenizas del desamor.