La conocí un día, me hizo sentir todo, y me dejó sintiendo nada, las palabras que salen de mi boca y se convierten en tinta, son como tiernas corrientes de compasión propia, hasta que el día que la vea casada, sepa que un hombre es capaz de nunca olvidar a su amada, pues seré la prueba de que un atardecer sin noche es sin sentido como la araña que por el mar cruzaba.
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