Por fuera, todo parece normal. Risas, bromas, conversaciones cotidianas... pero por dentro, el vacío nunca desaparece. Hay días en los que la mente se apaga, otros en los que los pensamientos se acumulan hasta ser insoportables. No hay respuestas, solo una rutina que se repite: desvelos interminables, música que intenta llenar el silencio, comida rápida para saciar un hambre que no es física, y un escape en el mundo virtual, donde las risas con amigos son lo más cercano a la felicidad.
A veces, manejar se siente como la única salida, el viento golpea la cara, la carretera se vuelve un susurro tentador, pero al final... siempre se frena. Siempre se regresa. Porque aunque el peso sea insoportable, hay algo, o alguien, que aún mantiene todo en pie.
Entre palabras nunca dichas y emociones que luchan por salir, esta es la historia de alguien que grita en silencio, esperando, tal vez, ser escuchado.
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