Wheelsey era un pueblo pequeño, aislado entre colinas cubiertas de bosques antiguos. A simple vista, parecía un lugar tranquilo, casi inocente, donde las casas de madera se alineaban en calles estrechas y empedradas, y las campanas de la iglesia sonaban cada mañana con un eco suave. La gente se saludaba con una sonrisa, los niños jugaban en la plaza central, y el viento traía el aroma a pan recién horneado desde la panadería.
Pero había algo en Whelsey, algo que no se decía en voz alta. Un susurro en el aire, una sensación persistente de que el pueblo guardaba un secreto.
Cuando el sol comenzaba a hundirse tras los árboles, las calles se volvían solitarias. Las puertas se cerraban con cerrojo, las ventanas se cubrían con cortinas gruesas y las luces se apagaban temprano. Nadie salía después del anochecer. Nadie se atrevía.
Porque cuando la noche llegaba, la niebla descendía. No era una neblina común, ligera y pasajera. Era espesa, pesada, como si tuviera vida propia. Se arrastraba entre las casas, serpenteaba por los caminos, llenaba cada rincón del pueblo con un frío que se sentía en los huesos.
A veces, si uno prestaba atención, podía escuchar algo dentro de la niebla. Un murmullo bajo. Un crujido suave, como de pasos en la grava mojada.
Los ancianos advertían a los niños: "Si escuchas que alguien te llama por tu nombre en la niebla... no respondas."
Pero nadie explicaba por qué. Nadie hablaba de aquellos que alguna vez lo hicieron. Solo quedaba el silencio, el miedo en los ojos de los mayores y la certeza de que, en Whelsey, cuando la noche caía... el pueblo ya no era tan inocente.
Bianca llega a Nevelheim buscando paz, pero pronto descubre que nada es lo que parece: ni Ethan, con su aura misteriosa, ni Samuel, con esa sonrisa eterna.
Entre secretos y fenómenos paranormales que desafían toda lógica, se verá arrastrada a un misterio marcado por una desaparición que sigue sin respuesta.
¿Y tú? ¿Te atreves a descubrir la verdad?