Newt nunca quiso mudarse. No le gustan los cambios, mucho menos cuando significan dejar atrás lo poco que le hacía sentir en casa. Esta nueva ciudad no le dice nada; su nueva habitación es solo un espacio vacío, y su ventana, un reflejo de la rutina monótona que le espera. Hasta que encuentra la primera carta.
No hay remitente, solo unas palabras escritas con prisa y una simple inicial: T.
Al principio, no sabe qué pensar. ¿Es una broma? ¿Un intento de bienvenida? ¿O acaso alguien, en medio de este vecindario gris, ha decidido fijarse en él más de lo que debería?
Lo que comienza como un simple intercambio de notas se convierte en algo más. Un secreto entre paredes. Una conexión que traspasa el papel. Una historia que, sin que Newt lo sepa, ya ha comenzado a escribirse.
Después de todo, ¿cuánto puede cambiar una vida con solo unas cuantas palabras?
El sentimiento incomprendido de estar ahogándose en el vacío soportando una vida sin propósito y sentido, estaría presente.
Hasta que ves una luz, una luz que puede llevarte a una salida o a la destrucción absoluta.