La Iglesia lo llamó un caso aislado.
Un error.
Un episodio que jamás volvió a repetirse.
Hasta ahora.
Tomás nunca quiso formar parte de nada extraordinario. Pero después de sobrevivir a un encuentro que otros no lograron soportar, descubre que no fue protegido... fue elegido. Marcado por algo que no entiende, es enviado a Cúcuta, una ciudad donde las cosas no encajan: relojes que se detienen, risas que suenan en casas vacías, viudas que obedecen voces imposibles.
Aquí nadie grita.
Nadie corre.
Solo susurran.
La fe se convierte en miedo.
La cordura, en un lujo frágil.
Y la Iglesia guarda secretos que llevan décadas enterrados.
Mientras los acontecimientos se intensifican y la línea entre lo real y lo imposible comienza a desdibujarse, Tomás entenderá que no fue llevado a la ciudad para salvarla.
Fue llevado para presenciar lo que despierta.
Porque algunas presencias no buscan poseer cuerpos.
Buscan ciudades.
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