El juego había terminado teníamos ganadora, las piezas del juego, la estrategia fue perfecta y el trofeo estaba en sus manos, mientras que en mis manos solo había una caja llena de sueños, ilusiones, de cosas personales, que no pensaba dejarle ahí, yo era transparente, ella estaba sentada en el trono, en cambio yo, caminaba hacia la salida, con una derrota a cuestas, con la cabeza hecha un lío, con la conclusión de que hice todo mal, todo ahora era de ella, de mi enemiga Marta Amezcua.
Era tarde, aposte y perdí todo contra la mejor jugadora, yo en cambio era solo una aprendiz, había sido el medio, el instrumento, de mi amiga, la cual ahora era mi enemiga, ahora entendía que no fue buena estrategia darle la espalda, no aceptar sus propuestas.
No tenía claro cuánto destruye la venganza hasta el momento en que sus ojos de diferentes colores reparan en mí como una completa desconocida, mientras sostiene el arma con dirección a mi cabeza dejándome ver lo decidido que está.
-Te advertí que no jugaras con fuego si no estabas dispuesta a arder en el
Aquellas palabras pasaron de manera fugaz por mi cabeza haciendo que al fin lo entendiera.
Él si fue mi más bello regalo, pero se convirtió en mi más amargo tormento, para así poder llevarme a mi dulce VENGANZA