Desde que Maddy entró a secundaria, hubo alguien que siempre llamó su atención: Sebastián. Eran los típicos amigos pero no algo más, pero cada vez que hablaban o estaban en grupo, ella sentía ese cosquilleo inexplicable. Con el tiempo, se fueron conociendo mejor, compartiendo risas y momentos que la hacían ilusionarse en silencio. Sin embargo, justo cuando sentía que su amistad avanzaba, Sebastian se cambió de escuela.
Al principio, Maddy lo extrañó, pero la vida continuó. Hizo nuevas amistades, descubrió más sobre sí misma y aprendió a dejar ir poco a poco ese sentimiento. Hasta que, un día, en su primer año de preparatoria, Sebastián regresó. Al verlo, su corazón se aceleró como si nada hubiera cambiado. Sin embargo, su vida sí había cambiado. Durante ese tiempo, Maddy conoció a alguien más, tuvo una relación, vivió un amor distinto y, cuando terminó, decidió enfocarse en sí misma.
Aun así, seguía sintiendo algo por Sebastian. aunque esta vez con más dudas. Él era el mismo de siempre: atento, cariñoso, cercano... pero no solo con ella. Su amiga también parecía tener su atención, y Maddy no podía evitar preguntarse si su cercanía significaba algo más. ¿Y si él realmente no la veía de esa manera? ¿Y si solo estaba aferrada a un sentimiento del pasado? No sabía con certeza qué hacer, pero sí sabía algo: quería gustarle. Y ese deseo la confundía aún más.
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