La vida, la muerte, y una taza de café.
Una charla casual en la cual a veces solo basta una noche de lluvia, una buena compañía y una taza de café, para abrir el corazón y contar aquella historia que marcó una vida, que se lleva en la memoria, pero quema el alma, porque todos somos circunstancias de algo, de una batalla cruda, un infierno no merecido o un paraíso que sigue en duda. La bestia de las emociones mal tratadas derriba la reja tarde o temprano y se abren las heridas para dar un final inesperado que pone en jaque la cordura del protagonista.