Dicen que el mar guarda secretos, que cada ola arrastra historias que nunca se cuentan. Esta playa, perdida entre la arena y el viento, ha sido mi refugio, mi único testigo.
Él llega cada tarde, con los bolsillos llenos de silencio y un lienzo en las manos. No me ve, no sabe que estoy aquí, pero de algún modo, sin darse cuenta, me ha estado dibujando desde el primer día.
Tal vez el destino no es más que un juego de reflejos, un espejismo que nos une sin que lo sepamos. O quizás, solo quizás, hay encuentros que estaban escritos mucho antes de que nos atreviéramos a mirarnos.
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