8 parti In corso En los albores de Valyria, cuando los dioses aún caminaban entre los hombres, reinaba Morfeo, el dios del sueño. No pedía sangre ni templos, pues su reino eran las visiones y pesadillas que guiaban el destino de los valyrios.
Pero incluso los dioses caen. Movido por compasión -o por deseo- Morfeo descendió entre mortales y se unió a una princesa estéril. De aquel pecado nació una sangre nueva: la primera chispa de la Casa Targaryen. Y de sus sueños, convertidos en carne y fuego, surgieron los dragones.
Con ellos llegó la gloria... y la maldición. Pues Morfeo comprendió tarde que no había traído salvación, sino destrucción. Los dragones eran tanto maravilla como ruina, y la sangre Targaryen heredó su sombra: ambición, visiones y locura.
Cuando Valyria ardió bajo la Maldición, los hombres culparon al fuego y a los volcanes. Solo Morfeo supo la verdad: todo fue el precio de su error eterno.
Se dice que aún vaga en sueños Targaryen, susurrando profecías, buscando redención... o el final de su linaje.
Así nacieron los dragones. Así nació la Casa Targaryen.
No por gloria, sino por el pecado de un dios.