El Emperador, de la Humanidad.
Pocas cosas pueden sorprender a dicho ser.
Un enigmático personaje, que por milenios, a guiado a la humanidad desde las sombras.
Pero ahora obligado por las circunstancias, a guiarla desde el trono dorado, atrapado en el brutal sacrificio, hace mucho se resigno a que todo no podría ser como soño, más un día desde su mausoleo, sintió como en un borde alejado y olvidado de la galaxia.
Más allá de la gran grieta, de locura que le impide ver al otro lado de su imperio, una zona muerta donde incluso la disformidad, es tenue.
Una luz se libero como el rugido de un gigante dormido, presenciando por un momento, como una presencia, como un sol plateado, que le recordó a su juventud, fue capas de atravesar por un momento la tormenta de locura que era el inmaterium.
Por un momento, la disformidad y las pesadillas autoproclamados dioses, y sus esbirros, callaron y vieron, sintieron.
El sol plateado, su presencia. Humana, antigua y joven a su vez, fuerte y desafiante, tranquila e indomable, quemaba y dañaba . ANETAMA.
Y desde el trono, el emperador, sonrió, tal vez todo no esté perdió.
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