Mis últimos recuerdos aún arden con una claridad dolorosa. Eran buenos tiempos, quizás los mejores... pero quedaron atrapados en el pasado como un eco lejano que ya no me pertenece.
Mi designación es OD-4519. Fui entrenado para obedecer sin titubeos, para combatir sin dudar, y para servir hasta la última orden. Y eso fue precisamente lo que hice... hasta que llegó esa orden. La Orden que convirtió hermanos en verdugos, la lealtad en traición y la galaxia en un cementerio silencioso.
Yo no debía haber sobrevivido. Ninguno de nosotros debió hacerlo.
Coruscant, la orgullosa joya del núcleo galáctico, cayó primero. Sus torres brillantes fueron cubiertas por el humo y la sangre. La capital se rindió al caos bajo un cielo encendido por fuego orbital. Las transmisiones fueron silenciadas, los templos arrasados, y los rostros de los que alguna vez llamé aliados desaparecieron en la oscuridad.
Yo los vi caer. Uno por uno. Y no pude -o no quise- detenerlo.
Ahora camino solo, el último soldado de choque de mi unidad, condenado a cargar con el recuerdo de lo que hicimos... y de lo que fui incapaz de evitar. A veces, me pregunto si estoy vivo por castigo o por redención. Pero en lo profundo, sé que algo aún se mueve entre las ruinas. Algo que sobrevivió... y me está buscando.
O quizás, algo que yo olvidé... y que ha venido a cobrarme la cuenta.
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