Ava creció entre gritos, golpes y silencios que dolían más que cualquier herida. Sobrevivir se convirtió en su rutina. Sentir dejó de ser una opción. Pero las cicatrices que nadie ve... pesan. Arden. Matan lento. En medio del abandono, del miedo y de noches que parecían no terminar nunca, Ava aprende que seguir viva no es lo mismo que vivir. Que el cuerpo sana... pero el alma no siempre entiende cómo hacerlo. Esta es su historia: cruda, oscura, real, donde una niña rota intenta sostenerse a sí misma cuando nadie más lo hizo. Las heridas son profundas. Y este es solo el comienzo.
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