Éramos distintos, sí, pero no tanto. Él había perdido mucho en vida. Yo, en cambio, estaba a punto de perder a quien más amaba. A él le arrebataron el amor de golpe, a mí me lo estaban quitando lentamente. Pero, al final, el vacío y el miedo eran los mismos.
Hay encuentros que no se buscan pero suceden. Porque hay almas que, aunque heridas, llevan una sincronía perfecta, como si supieran que al encontrarse, comenzarán a sanarse. Martín y yo nos habíamos encontrado en el momento justo, en el borde del abismo, cuando ambos más lo necesitábamos. Fuimos un puente entre dos vidas rotas que, de alguna manera, se habían encontrado para reconstruirse.
All Rights Reserved