Nadie en el pueblo de Nattvik parece notar lo extraño. Las casas están limpias, las sonrisas ensayadas y los silencios bien administrados. Pero ella lo sabe: algo no encaja.
Hailee Eide vive allí sin sentirse parte de nada. Diagnosticada con alexitimia, es incapaz de reconocer sus propias emociones y observa el mundo como un conjunto de hechos, no de sentimientos. Vive atrapada en un mundo donde las emociones le son ajenas y, sin embargo, algo en su interior ruge con fuerza.
Haisel Weisswald, el heredero de la mansión. Distante, impenetrable y peligrosamente familiar, parece saber más de lo que dice. Cuanto más se acerca Hailee a él, más se desdibujan los límites entre lo real y lo que nunca debió cruzar ese umbral.
En un pueblo donde nadie pregunta, Hailee tendrá que decidir si su incapacidad para sentir es una debilidad... o la única forma de descubrir los secretos que aguarda ese lugar.