En la penumbra de la noche callada,
Aurora, hechicera, de mirada velada,
con manos de luna y voz de cristal,
cantaba a los vientos su amor inmortal.
Bajo un cielo antiguo, donde el tiempo no pesa,
se alzaban sus hechizos, pura belleza.
Con cada palabra, un susurro de amor,
pero el viento le trajo un eco de dolor.
El hombre que amaba, perdido en el sol,
dejó que el destino apagase su rol.
Con cada conjuro, cada lágrima y canto,
Aurora lloraba su amor, su encanto.
El amor que se fue como sombra fugaz,
dejó en su corazón un profundo compás.
Ahora, en su alma, ya no hay más calor,
sólo un eco lejano, un rastro de amor.
La hechicera, sola, ya no puede creer
que algún día el amor regrese a nacer.
Con su varita y su alma quebrada,
Aurora camina, su alma condenada.
La luna le guía, su única amiga,
y en cada estrella, su pena se abriga.
Pero en sus ojos, aún brilla la esperanza,
de que el amor regrese, con su danza.
Bảo Lưu Mọi Quyền