Camil, con su sonrisa capaz de derretir glaciares y su risa como un torrente de primavera, irrumpió en la mansión Villanova como un huracán de colores. No venía con manuales de crianza ni con la solemnidad de una institutriz, sino con una maleta llena de disfraces, una guitarra desafinada y un corazón dispuesto a sanar heridas.
Historia completamente mía.
disfruten y ríanse de todas las ocurrencias de esta hermosa Historia.
All Rights Reserved