
El precio de no morir. He visto al solo morirse mil mañanas, y aún camino entre ruinas y ceniza; las eras me han dejado sin sonrisa, sin fe, sin carne, sin palabras vanas. Ya no recuerdo el tacto de los días, ni el nombre de los rostros que he amado; todo lo bello se ha desangrado, quedando solo sombras y agonías. La muerte me negó su dulce abrazo, y vivo como espectro entre los vivos, como pasos huecos, torpes, repetidos, atado a un tiempo cruel, sin lazo, sin regazo. Ser inmortal no es gloria, es expiar el crimen de jamás descansar.All Rights Reserved
1 part