Ben regresa a casa con el alma hecha trizas y la esperanza de que el verano lo cure en silencio. Después de un año universitario agotador y una ruptura que duele más de lo que puede admitir, todo lo que quiere es desaparecer por un rato. Pero la vida -y su padre- tienen otros planes: un trabajo de verano en la empresa de un cliente importante, donde todo cambia cuando aparece Leila Miller.
Leila ha aprendido a moverse entre expectativas y apariencias, escondiendo sus propias cicatrices tras una sonrisa despreocupada. Podría contar las personas que conocen a Leila con una sola mano, pero incluso esas personas creen que ella siempre está bien, que no le afecta nada...aunque tal vez sea todo lo contrario.
A medida que los días se alargan y las máscaras caen, entre discusiones, risas y salidas improvisadas, se dan cuenta de que a veces las personas no llegan para completarte, sino para mostrarte una nueva versión de ti mismo. Aunque duela. Aunque dé miedo. Aunque sea solo por un verano.