Una bruja nunca está sola.
A veces la acompaña una hermana. Otras, un recuerdo. Pero siempre, tarde o temprano, aparece él: el familiar. Una criatura que no se nombra, que se alimenta de lo que se ama y lo que se teme.
En esta colección de relatos oscuros, íntimos y poéticos, el lector es invitado a espiar momentos robados entre brujas y sus ataduras más profundas. Amores malditos, pactos de sangre, traiciones suaves como caricias y hechizos que duelen más que el acero.
Porque tener un familiar es tener un espejo.
Uno que, a veces, también muerde.
-Desde los quince años, Izuku Midoriya ha sentido una presencia constante observándolo.-
- Miradas que no ve, pasos que no escucha, mensajes anónimos que aparecen y desaparecen. Al principio lo atribuye a su ansiedad... hasta que, con el paso de los años, ocurre algo inquietante.-
-Cada chico que se le acerca con intenciones románticas, cada confesión tímida que recibe, termina igual: desapariciones inexplicables. Nadie encuentra pruebas. Nadie conecta los casos. Nadie cree en Izuku.-
-A los veinte años, el miedo ya no es solo paranoia.Y lo peor de todo... es que hay alguien que lo protege.Alguien que lo vigila.Alguien que haría cualquier cosa para que Izuku siga siendo solo suyo.-
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¡No sale nada gráfico ni gore!