Una bruja nunca está sola.
A veces la acompaña una hermana. Otras, un recuerdo. Pero siempre, tarde o temprano, aparece él: el familiar. Una criatura que no se nombra, que se alimenta de lo que se ama y lo que se teme.
En esta colección de relatos oscuros, íntimos y poéticos, el lector es invitado a espiar momentos robados entre brujas y sus ataduras más profundas. Amores malditos, pactos de sangre, traiciones suaves como caricias y hechizos que duelen más que el acero.
Porque tener un familiar es tener un espejo.
Uno que, a veces, también muerde.