En un mundo donde los secretos se esconden detrás de apellidos poderosos y los pasillos están manchados con rumores, Vivían llegó a la universidad que ocultaba más de lo que secretos a voces habían, sin saber que su vida estaba a punto de convertirse en una tormenta. No era una chica rota, pero había aprendido a sobrevivir sin necesitar a nadie. Sin confiar. Sin caer. Hasta que lo conoció a él. Alexander Sait. Príncipe de la élite. Dios entre demonios. Hermoso como un castigo divino, letal como una promesa rota. Era el tipo de chico del que te advierten, el que no ama, el que solo consume. Y aún así, cuando sus ojos se clavaron en ella, algo cambió. No fue amor. Fue obsesión. Una guerra silenciosa empezó entre ellos: miradas que ardían, palabras que dolían, encuentros que rozaban el límite entre el odio y el deseo. Cada roce era un reto. Cada discusión, una provocación. Alexander no buscaba quererla. Quería quebrarla. Quería ver si ella podía resistir la oscuridad que vivía dentro de él. Pero Vivían no era de las que se rompían fácil. Ella también tenía sus sombras. Y a veces, el caos reconoce al caos. Esto no es una historia dulce. No hay promesas de para siempre. Solo dos almas rotas encontrándose en el lugar más oscuro. Porque a veces el amor no te salva. A veces el amor te destruye. Y ella... está dispuesta a arder.
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