¿Cómo se sobrevive al recuerdo de alguien que olía a vainilla y se volvió hogar?
No es una historia de amor... Es el eco de una conexión tan profunda que desafía el tiempo, el olvido y la cordura. Lay no quería enamorarse, solo tomar café y hablar de arte. Pero entonces llegó Valle, con su perfume dulce, su voz suave y sus preguntas difíciles.
Entre tareas universitarias, dibujos del cerebro y cigarros que arden más de la cuenta, nació algo que nadie supo nombrar. ¿Era amor? ¿Era cariño? ¿O solo una ilusión tan hermosa que dolía?
"Aquella a quien llamé mi musa" no es una historia perfecta. Es real, como el temblor de una mano que no sabe si quiere soltar o aferrarse.
¿Te atreves a recordar a quien también marcó tu vida con una taza de café y una canción triste?
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