Los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre han llegado. Veinticuatro tributos, un solo ganador... y un Capitolio sediento de un espectáculo que nunca olvidará.
Elara Pembroke ha sido seleccionada para representar al Distrito Once en esta edición sangrienta. Para ella, la Arena no es más que una extensión de la miseria y el abandono que vive en casa; una nueva jaula donde la muerte es el único final predecible. Entra al juego con el alma gris, convencida de que su existencia es una mecha apagada en un mundo diseñado para aplastarla.
Sin embargo, en el corazón de la carnicería, una fuerza letal está a punto de descarrilar el guion de los Gamemakers. Clove Kentwell, la fría y despiadada especialista del Distrito Dos, reconoce en Elara algo que escapa a toda lógica del sistema: su perfecto complemento.
Lo que comenzó como una cacería se transforma en una alianza prohibida que respira a través del acero y la sangre. Entre caricias que parecen amenazas y traiciones que huelen a pólvora, descubrirán que no solo están luchando por sus vidas, sino por el derecho de pertenecerse la una a la otra por encima de las leyes de Panem.
¿Será capaz Elara de encontrar la chispa que ilumine su vida en la oscuridad de su captora?
¿O serán ambas devoradas por un sistema que no permite que dos piezas del tablero se amen bajo sus propias reglas?
Cuando el deseo se vuelve más peligroso que la supervivencia, el juego deja de ser de ellos... para ser de ellas.
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