Abismo Carmesim

Abismo Carmesim

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WpMetadataNoticeÚltima publicación mié, abr 23, 2025
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Ficción
Ciencia Ficción
Terra M-111 parece comum aos olhos dos intocados - ruas, prédios, vidas que seguem sem questionar. Mas para os marcados pelo Neurafluxo, é um túmulo cinza, onde o ar pesa como culpa e o céu é uma promessa apagada. Apenas eles veem a verdade: a depressão não é uma sombra, mas um abismo que engole os vivos, pedaço por pedaço, até que nada reste. Eles chamam esse lugar de Sanguis Vorago, um plano onde o céu é vermelho como sangue fresco, o chão reflete os tormentos de quem o pisa, e o tempo é uma ferida que nunca fecha. Ninguém mais vê. Mas os marcados sentem o vazio chamando. Elias Varn demorou a aceitar o que via. Ele sentia a queimação na nuca, um fogo que não era calor, mas presença, e negava, como se pudesse fechar os olhos para o vermelho. Esfregava a pele até sangrar, mas o vermelho que enxergava não estava nas mãos - estava dentro, onde memórias que não eram suas cortavam como facas. Ele contava rachaduras no teto (37, 38, 39) para se ancorar, mas o Neurafluxo, uma anomalia que o marcava como diferente, não obedecia. Ele conectava sua mente ao Aetheris Limiar, um plano etéreo de cores vivas e visões que respiravam. Lá, ele via além - fragmentos de esperança, verdades escondidas -, mas a um custo: cada vislumbre queimava, e a realidade se desfazia um pouco mais. Entre o Sanguis Vorago que o devorava e o Aetheris Limiar que o expandia, Elias enfrentava sua depressão, suas memórias e o próprio vazio. Ele não entendia a verdade. Não via que a depressão o puxava, que cada memória - amigos perdidos, palavras que não podia apagar - era um passo rumo ao Sanguis Vorago. Ele se isolava, hackeava a pulseira biométrica que contava seus medos, achando que podia enganar o destino que só ele enxergava. Mas o vermelho não mentia. No Sanguis Vorago, o abismo encarava. Elias respondia com um sorriso torto: ele não iria sem lutar, mesmo sabendo que já estava caindo.
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