La luna brillaba con fuerza sobre la ciudad, iluminando las calles vacías con su luz plateada. Eddie Brock caminaba con paso firme, sus pensamientos un torbellino, pero había algo en el aire que lo hacía sentirse más vivo que nunca. Podía oír el susurro familiar de Venom en su mente, esa presencia constante que ahora se sentía más intensa que nunca. "¿Sabes que la vas a perder, Eddie?" La voz de Venom retumbó dentro de su cabeza, llena de una mezcla de deseo y ansias. "No, no la voy a perder", murmuró Eddie, aunque su voz no era tan segura como solía ser. La verdad era que Lizzy, la chica a la que amaba con todo su ser, se había convertido en algo mucho más que un simple sueño. En sus ojos, Eddie veía un futuro que nunca creyó que tendría. La pregunta era: ¿Cómo podría ella aceptar lo que él era? Y más aún, ¿cómo podría Venom aceptar que su adoración por Lizzy no era solo una idea que él compartía, sino algo mucho más profundo? El sonido de sus propios pasos era la única respuesta. En ese momento, la figura de Lizzy apareció ante él, como si el destino mismo la hubiera puesto justo en su camino. Ella caminaba, ajena a la tormenta interna que Eddie estaba viviendo, sonriendo como si el mundo fuera suyo.
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