Nosotros, En cada mes

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WpMetadataNoticeLast published Thu, Apr 24, 2025
veces no duele irse. Duele que nadie te pida que te quedes. Nayeli lo supo en el momento exacto en que cruzó la puerta de su nueva casa, con las maletas medio abiertas y los ojos todavía llenos de lo que dejaba atrás. Su madre hablaba de nuevas oportunidades, su padre de crecimiento, pero ella solo pensaba en él… en Leonel. En esa promesa a medias que hicieron antes de que todo cambiara. “Vamos a poder con esto, ¿sí?”, le había dicho él. Y ella, ingenua y enamorada, creyó que sí. Hasta que lo vio en línea, hasta tarde, con alguien que no era ella. Hasta que la distancia no fue el problema, sino la excusa. La ciudad nueva tenía ruidos distintos. Calles que no la conocían, gente que no preguntaba y un aire que sabía a despedida. En el colegio nuevo, el aula olía a tiza vieja y sueños ajenos. Nadie la miraba. Nadie la esperaba. Y eso, en parte, era alivio. Hasta que él aparece Eliam no era como Leonel. No era el típico galán que hace ruido. Era el chico del fondo que se reía bajito, que se sacaba los auriculares con torpeza, que caminaba como si bailara con el suelo. Nayeli lo notó el segundo día. Él la ayudó a levantar unos papeles que se le volaron por la ventana. No dijo mucho, solo sonrió. Y esa sonrisa se le quedó clavada como una canción que no sabes que te gusta… hasta que la escuchas por tercera vez. No eran amigos. No todavía. Pero un cambio de asientos —tan aleatorio como necesario— los colocó uno al lado del otro. Y fue ahí donde todo empezó a florecer en silencio. Nayeli aún no lo sabía, pero él iba a enseñarle lo que era sanar sin prisa. Lo que era reír mientras duele. Y lo que significaba querer sin miedo, incluso cuando el corazón aún lleva vendajes. Entre papelitos de colores, miradas cruzadas y bromas disfrazadas de “solo amigos”, ellos iban a escribir una historia que no comenzó con un beso, sino con un “¿te gusta Coldplay?” garabateado en una hoja arrugada. Y eso… eso iba a ser el comienzo de algo que dolería y sanaría al mismo tiempo.
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  • ❤︎𝚂𝚎 𝚜𝚞𝚙𝚘𝚗𝚒𝚊 𝚗𝚒 𝚕𝚊 𝚖𝚞𝚎𝚛𝚝𝚎 𝚗𝚘𝚜 𝚑𝚒𝚋𝚊 𝚊 𝚜𝚎𝚙𝚊𝚛𝚊𝚛❤︎

Nunca me gustaron los cambios. Las despedidas, los comienzos, lo desconocido... todo eso me daba una especie de vértigo silencioso. El tipo que no se nota por fuera, pero que por dentro te revuelve como una tormenta. Chicago no era solo una ciudad nueva. Era un salto al vacío. Un punto de partida que no había elegido del todo, pero que mi madre aseguraba que necesitábamos. "Una nueva vida", decía con una sonrisa cansada, como si decirlo muchas veces lo hiciera más real. Yo era la chica que pasaba desapercibida. La que prefería observar desde la esquina antes que hablar. En mi pequeño pueblo, eso era fácil. Todos me conocían, o al menos sabían quién era. Pero aquí, entre rascacielos y miles de rostros que no miran dos veces, era invisible de una forma completamente distinta. Y aunque eso debería haber sido un consuelo... dolía más de lo que esperaba. Hasta que lo vi a él. El tipo de persona que parece brillar incluso bajo las luces más grises. Inaccesible, seguro de sí mismo, rodeado de miradas como si el mundo girara más lento a su alrededor. Él no sabía que yo existía. Y tal vez así debía ser. Pero el destino -o lo que sea que mueva los hilos de lo imposible- tenía otros planes. Fecha de publicación 4 de junio del 2025.

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