«Había visualizado en mi cabeza millones de veces este momento, nuestro reencuentro. Había hecho mil ensayos mentales de lo que le diría y de cómo fluiría nuestra conversación. Pero ahora, con él mirándome de nuevo, cualquier atisbo de cordura se había esfumado». Un hasta pronto a Galicia. El primer verano en Madrid. Un campamento de música. Amigos. ¿Qué podría salir mal? Esperaba muchas cosas de los dos meses que duraba el curso. Esperaba aprender y disfrutar de la música, conocer gente nueva, superar inseguridades y cumplir sueños. Si ese campamento era una revolución, yo estaba más que dispuesta a vivirla. Me sentía feliz, emocionada y preparada para lo que estaba por venir. O eso creía. Sin saber que lo que se avecinaba era un huracán que arrasaría con todo: mis miedos, mis «yo nunca», mis «yo qué va». Nada podría haberme preparado para enfrentarme de nuevo a mis fantasmas del pasado. Nada podría haberme preparado para él.
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