Jude Potter era un enigma, una niña nacida de secretos y criada en el eco del abandono. Pero a pesar de las cicatrices invisibles que cargaba desde temprana edad, había algo en ella que atraía a los demás, una chispa indomable que no podía ser ignorada. Jude no solo sobrevivía; ella vivía con una intensidad que desafiaba a las sombras que la seguían.
Con Harry, compartía un vínculo más fuerte que la sangre. Desde pequeños, Jude se convirtió en su protectora y confidente, una hermana que siempre estaba lista para luchar por él, incluso cuando el mundo parecía volverse en su contra. Harry era su ancla, y Jude, su escudo, aunque ambos cargaran con más de lo que deberían.
Luego, se sumó a la ecuación Fred Weasley. Quien, a pesar de esa vista de Jude como una fuerza imparable, vio también sus dudas y miedos, y la amó por completo. Su relación era una danza entre la risa y la complicidad, un refugio en medio del caos que los rodeaba. Jude era fuego, y Fred, una brisa que avivaba su llama en lugar de sofocarla.
Era hija de un hombre que vivía entre la rebeldía y la oscuridad, de un legado que ella no pidió pero que la definía. Nadie hablaba de su origen con claridad, y Jude aprendió temprano que algunas preguntas no tenían respuesta, al menos no las que buscaba.
Jude no era perfecta, pero su valentía y su lealtad la hacían inolvidable. Era de armas tomar, capaz de enfrentar cualquier desafío con una mezcla de ingenio y ferocidad. Aquellos que la conocían la amaban profundamente, y los que la seguían lo hacían con respeto. En un mundo lleno de incertidumbre, Jude Potter fue una constante, un símbolo de lucha, amor y resistencia.
La guerra mágica dejó cicatrices profundas, incluso en aquellos que no la vivieron directamente. Tessa Lupin creció sin el calor de sus padres, alimentándose de recuerdos prestados, sin conocer realmente lo que era sentirse parte de un hogar.
Harry la cuidó como a una hija, pero no fue suficiente para que aquello se sintiera como un hogar. En el fondo, creía que la felicidad no era algo destinado para ella.
Consumida por el dolor y la soledad, una noche tomó una decisión desesperada. Se arrojó al lago, deseando acabar con su sufrimiento... sin imaginar que las aguas, guiadas por una magia antigua y malinterpretando su deseo, la arrastrarían al pasado.
Despertando en el barro, con su rostro cubierto de sangre, y ante la mirada curiosa de un muchacho con ropa extraña, Tessa, sabe que algo no esta bien, que aquel muchacho apuesto no es alguien común y corriente.
-¿Regulus Black?-preguntó incrédula, sintiendo que todo formaba parte de una burla hacia ella.
-Ese mismo, ¿me conoces?.
Se trataba de un error o era una nueva oportunidad para cambiar su presente.