AZALEA
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WpMetadataNoticeLast published Fri, Jun 13, 2025
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Fiction
Historical
"Antes del caballo de madera... estuvo Azalea." Fue su primer amor. Una flor marcada por pétalos y silencios, con el rostro adornado por flores como castigo por amar al Guerrero de una diosa y además demostrando la fuerza de quien ha sobrevivido al desprecio de los dioses. Ella fue el susurro que intentaron que Odiseo olvidara... pero jamás la dejó de escuchar. Azalea y él se amaron bajo un olivo, cuando aún eran jóvenes y la guerra no tenía nombre. Afrodita la diosa del amor, apiadada de un amor tan noble y sincero que desafiaba el destino, los ató con un hilo rojo: una promesa invisible que ni el tiempo, ni los dioses, ni la muerte podrían romper. Pero amar como ellos amaron era una ofensa que Hera a peticion de Atena no estaba dispuesta a perdonar. Mientras Odiseo cruzaba mares, se perdía en islas y luchaba contra monstruos, Azalea sangraba en silencio, fiel y herida por quienes nunca entendieron su espera. Y ahora, con los recuerdos convertidos en ecos, Odiseo busca aquello que nunca debió perder. ¿Puede un hombre olvidar lo que amó primero, cuando su destino ya está marcado por los dioses? Y, sobre todo, ¿puede salvar aun lo que nunca perdio?
Public Domain
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NO SHARPWOLF!!! POR FAVOR NO GUARDAR EN LISTAS SHARPWOLF O SHIPS DE NINGUNA CLASE, ESTA HISTORIA NO ES UN SHIP, CONTIENE S.A!!!! Él nunca me perteneció. Lo supe desde el principio, desde el primer día en que nuestros ojos se cruzaron y entendí que mi destino, por cruel que fuese, estaba atado al suyo. Antínoo. ¿Quién podría culparme por amarlo? ¿Quién, en su sano juicio, podría mirar su sonrisa descarada, su porte imponente, su risa que resonaba como un eco de los dioses, y no caer rendido ante él? Yo no fui el primero, ni sería el último. Pero yo fui el único que lo amó como debía ser amado. O eso creí. Porque cuando llegó ese muchacho de ojos grandes y manos temblorosas, cuando el gran Antínoo, mi Antínoo, fijó su mirada en él, todo cambió. No importaron los años de lealtad, ni la sangre derramada juntos. No importó cuánto le supliqué en silencio, cuánto esperé, cuánto di de mí. Porque al final, él eligió a otro. A Telémaco. Y luego lo perdí. Lo perdí a él, lo perdí todo. Mi amor se convirtió en cenizas, mi alma en un desierto. Pero los dioses son generosos con aquellos que sufren, y en su infinita piedad... Me lo devolvieron. No como él era antes, no como mi Antínoo. Pero eso no importaba. Si el destino no me permitió poseerlo en vida, entonces yo lo moldearía con mis propias manos. Lo reconstruiría. No importa cuánto llore, no importa cuánto pelee. Porque ahora él es mío.

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