Supongo que no hay nada de malo en intentar aprender a manejar el fuego, a veces de cerca, a veces de lejos.
Qué maldito gusto el mío, el que me obliga a ir trás él.
Lo bueno, es que somos dos bocanadas de la misma ceniza. Tarde o temprano íbamos a terminar renaciendo las brasas candentes, con un poco de él, un poco de mí. La chispa nació, de la más fuerte caída, pero nació.
Barrage no podía ser implacable sin mí, necesitaba de alguien que lo desarme. Lo bueno, también, es que me di cuenta de sus fallas, le saqué las tuercas de más, para un toque suave y le ajusté la voz. Un desarme justo del ego, que lo mantenga a raya en el juego que yo manejaba.
Le enseñé a perder, entre cenizas y armas, porque el fuego estaba en nosotros. Supongo aprendió, porque ahora cada vez que me toca su mano es suave, y cuando me habla, su voz me impulsa a los límites de su cuello.
Ahora le gusta jugar con el fuego, aprendió a ser su amigo y va y viene quemando las paredes.
No vengo de una familia poderosa.
No soy hija de un imperio.
Soy simplemente una mujer que aprendió a sobrevivir con el corazón roto, los sueños incompletos y la adrenalina corriendo por mi sangre.
Nunca fui de las que buscaban problemas, pero el problema fue que ellos me encontraron a mí.
Seis hombres. Seis líderes. Seis demonios con traje, armas y una mirada capaz de hacerte pecar sin tocarte.
Seis reyes de sus propios reinos, enemigos por naturaleza y legado, aliados ante el mundo solo por una cosa: yo.
No sé si me desean o me maldicen.
No sé si me aman o solo quieren poseerme.
Lo único que sé, es que ya no soy la misma. La niña del pueblo murió cuando entendió que el amor no salva, que la lealtad se quiebra, y que el deseo puede ser más peligroso que la muerte.
Ahora... soy la mujer que aprendió a jugar el mismo juego que ellos.
Sin reglas. Sin límites. Sin piedad.
Sobre mi motocicleta no hay nada que me interese realmente, solo la emoción de dejar el paisaje como un borrón a mi paso, porque entre más rápido voy en ella solo significa que más duelen los recuerdos, con corazón en llamas. Y el alma en guerra, llegue a un bar de mala muerte, necesitaba un trago.
Y entonces lo veo salir...
A él.
Uno de mis seis pecados favoritos.
Uno de los demonios que gobiernan mi infierno.
Ese infierno donde yo soy la reina.